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7 mar. 2007

¡Se acercan las competiciones infantiles!

Dentro de un par de semanas se celebrará el Torneo Bohadilla en Madrid.
A esta competición también se la llama de promoción, porque sólo participan patinadores de bajas edades y bajo nivel, desde iniciación hasta predebutante (que son los de participarán la semana siguiente como debutantes en el campeonato de Madrid).

Éste será para muchos niños, la primera competición de la temporada. Para otros, incluso, la primera competición de su vida. Es normal que haya nervios y trajín en las casas de los más peques. Se de algunos que llevaban un año esperándolo, como el turrón.

Pero, ¿cuantos niños ilusionados competirán? Muchos, que digo, muchísimos por categoría. Y la mayoría con niveles muy similares.
Si hay ocho superminis (menos de siete años) que pueden hacer apenas un par de saltos y una pirueta con un pie, ¿cómo saben los jueces a quién poner primero, segundo o quinto, y que sea justo? Según la gracia que te hagan.
Es muy difícil ser justo, pero no imposible. Aquí es donde el nivel artístico de los patinadores va a contar más que nunca, porque prácticamente es lo único que les diferencia a unos de otros.

Y no hace falta haber salido del Bolshoi para tener buen artístico. Yo creo que con que el niño sepa escuchar la música mientras patina, y que sepa dónde le marca la música cada movimiento sería suficiente.
No basta con patinar con una música de fondo, hay que patinar la música.
Para ésto vienen muy bien los odiados ejercicios de improvisación, donde los patinadores se inventan sobre la marcha la coreografía con música que pueden conocer o no, y hacen lo que saben y piensan que queda bien con la música.
Son odiados por el miedo a hacer el ridículo,
por el miedo a quedarse en blanco. Pero yo creo que deberían fomentarse. Así el patinador encuentra su estilo al no estar sujeto por una coreografía ya montada.
También se adquiere la capacidad de responder ante los nervios. Hay niños que de tan nerviosos están, se les olvida su programa. Creo que hay pocas cosas más frustrantes par aun entrenador que un niño que se te queda mirando en medio de su actuación con cara de "¿y ahora que viene?".
También es frustrante que se lo invente, no digo yo que no, pero al menos nadie más lo nota.

Luego está la calidad del patinaje, pero esa historia es mucho más larga.