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10 may. 2007

Me he atascado

Llega un momento, que aunque no tiene por que pasarle a todo el mundo, puede llegar a ocurrir. Y es el tener la sensación de que no se avanza en el aprendizaje, que uno se ha quedado estancado en los mismos movimientos. Y no sólo puede ser aburrido, sino también frustrante.

Creo que el aprendizaje en el patinaje tiene tres fases.

La primera es la toma de contacto con el hielo. Aprender a mantenerse sobre dos finas cuchillas que resbalan y no parecer Charly Chaplin en el intento. La duración de esta etapa puede variar según la edad y las ganas que se tengan y básicamente acaba cuando se le ha perdido el miedo al hielo.

Después viene la fase de aprendizaje propiamente dicha. Se aprenden las bases técnicas que servirán para ir haciendo ejercicio más complicados. Por ejemplo se aprende cómo colocar el cuerpo, cómo hacer giros en un pie, cómo centrar una pirueta, cómo se distribuye el peso en el pie, cómo cambiar de filo, cómo darse impuso para saltar, cómo y cuándo se usa o no se usa la serreta, cómo cerrarte en el aire para girar más rápido, etc.
Una vez se han aprendido estas bases, el aprendizaje continúa bastante rápido. Si se sabe centrar bien una pirueta, es bastante fácil centrarla en cualquier posición; si se sabe como coger buen impulso para saltar y cómo girar en el aire, los saltos simples no deberían ser un problema; si se sabe el truco para girar en un solo pie, cambiar de filo y distribuir bien el peso del cuerpo, los treses, brackets, rockers y contra-rockings no tendrán ningún misterio.

Es muy importante que esta segunda fase se aprenda muy bien, porque determinará la calidad del patinaje que el patinador tendrá en un futuro.

La tercera fase es lo que yo llamo perfeccionamiento e innovación. Esto implica hacer lo pasos más rápidos, las piruetas con más vueltas, lo ángeles más bonitos, los saltos con más revoluciones, los filos más profundos... en definitiva aumentar la dificultad de las cosas que se hacen. Esta fase es más lenta y no tiene resultados tan espectacularmente rápidos como la segunda y durará lo que el patinador quiera.

Hay patinadores que llegan a un punto en el que les parece que no es necesario seguir aprendiendo. Por ejemplo, si tiene todos los saltos triples seguros y no le apetece partirse la crisma intentando los cuádruples. Otros patinadores los intentarán, y tan bueno es lo uno como lo otro. Habrá patinadores que inventen pasos o piruetas y otros intentarán perfeccionar lo que ya saben.

En esta fase puede llegar el desánimo del que hablaba al principio. Puede que a uno le parezca que ha tocado techo, que no puede aprender más cosas o que sus compañeros avanzan más rápido.
Para superarlo habría que ver si realmente no se está avanzando. Un claro ejemplo en el de no avanzar en saltos pero si que se avanza en lo demás. Puede que no se consiga ese doble o ese triple que trae de cabeza, pero a lo mejor has mejorado tus piruetas de una forma tan gradual que no te habías dado cuenta. Si estás en una situación similar, piensa en ello. Lo mismo te anima.

También puede ser que vaya siendo hora de cambiar de botas, o de afilar las cuchillas. Un equipamiento en mal estado puede ser muchas veces la causa del estancamiento. Conozco un caso de una mejora sorprendente después de afilar las cuchillas. Si la bota no es capaz de sujetar el tobillo, dificilmente podrás aguantar la salida de un gran salto.