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17 mar. 2008

Programas de exhibición vs. programas de competición

Ayer se celebró una gala de exhibición con motivo del Campeonato de Madrid. Es de agradecer que se organicen estos eventos tras las competiciones, así se puede ver a los patinadores más relajados que en las competiciones.

Esto me ha dado pie a escribir una serie de consejos a la hora de afrontar un programa de exhibición. Porque ayer vi actuaciones sublimes, pero otras no me llegaron en absoluto, independientemente del nivel del patinador.


En primer lugar, un programa de competición se hace para ganar, para sorprender a los jueces, pero un programa de exhibición se hace para entretener al público, y éste no es siempre un gran entendido del patinaje, simplemente le gusta.
Por eso creo que deben ser distintos, porque el programa de la competición tiene un concepto diferente al programa de la exhibición.

En un programa de exhibición debería primar la parte artística sobre la técnica. A una persona no entendida le da un poco igual si haces un salto más o menos difícil. A no ser que seas un gran saltador, y que tus saltos sean espectacularmente altos y bien colocados. Esto es independiente del nivel que se tenga. Un salto simple bien ejecutado tiene tanta validez estética como un cuádruple bien hecho.
La clave es que esté bien hecho y con soltura. Un salto difícil pero pobremente ejecutado es terrible para un programa de exhibición. La ejecución de la entrada debe ser correcta, la posición en el aire debe ser comprimida, debe ser alto, y la salida debe ser firme. Además, con el nuevo sistema de puntuación, también se valora esto en las competiciones.

Técnicamente lo más importante siempre es la base. Una buena postura patinando, "posiciones fuertes" en la ejecución de los elementos (ya explicaré esto), y una técnica de desplazamiento correcta, hacen la mitad del trabajo artístico. Por muy bueno que sea un patinador técnicamente, si patina chepudo o no cruza bien, por ejemplo, pierde muchísimo. Ayer vi un par de casos de patinadoras con buena técnica, y muy buena interpretación musical, a las que les fallaban estas cosas tan básicas.

Según la gente no entendida que ha ido conmigo a ver exhibiciones y galas, los elementos técnicos que más gustan son las piruetas y los desplazamientos en filo (ángeles, águilas y cafeteras). Éstos son elementos que dan más pie a la interpretación por parte del patinador, al ser más largos de duración. También las series de pasos, pero ocurre igual que con los saltos, debe estar bien ejecutada, interpretando muy bien la música.

Y es que la elección de la música es muy importante. Debe ser un música con la que el patinador se sienta cómodo, pero también tendría que hacer vibrar al público. En mi opinión, hay algunas músicas que no suelen fallar, salvo que se haga realmente mal. Una de ellas es Nessun Dorma en cualquiera de sus versiones. Pero hay otras muchas.
En la gala de ayer, Javier Raya hizo una interpretación excelente de la banda sonora de Moulin Rouge. Aunque ya sólo con la elección de la música se había ganado al público, la forma de patinarla, y el hecho de que Javier es un patinador extraordinario hicieron el resto.

También hay que intentar empatizar con el público, aunque esto es difícil y no todo el mundo puede hacerlo. Hace falta estar realmente cómodo patinando. En el momento que uno muestra una actitud vergonzosa, pierde el respeto del público. Así que, una vez se pisa el hielo, uno debe deshacerse de complejos y vergüenzas. Puede que no estés convencido con cómo está saliendo el programa, algún fallo que no esperábamos, pero el público nunca debe saberlo.
Hay pocas cosas peores que ver a un patinador que se ha caído, y cuya actitud cambia de "qué bien me lo estoy pasando" a "oh, a ver cuándo acaba esto, tierra trágame". Ayer vi bastantes casos como éste.
Y también vi los casos contrarios, en los que los fallos no contaban en la actitud del patinador. Show must go on, como dice la canción. Si te caes, aunque sea de forma muy tonta, levántate y sonríe, que tampoco es para tanto. Y cuanto más tonta sea la caída, más grande tu sonrisa.
Y es que el público se olvida de los fallos, pero no de la actitud, ni de la sensación que le deja el patinador mientras abandona el hielo al terminar.

Un consejo que siempre me han dado es que al terminar la música, uno debe quedarse quieto unos segundos en la posición final. Hay que dejar al público que nos aplauda, darle a entender que la magia no termina cuando acaba la música, sino cuando el patinador deja de estar sobre el hielo. Cambiar completamente de actitud nada más acabar la música, rompe esa magia.
Además hay que pensar en los pobres fotógrafos, porque cuesta horrores sacar una buena foto en movimiento, sobre todo para uno amateur, es decir, tu padre (el cual ha tenido que elegir entre ver a su hijo o inmortalizar el momento), así que déjales tiempo para que te hagan un par de fotos.